domingo, 24 de marzo de 2019

Esta noche soñé





En un pequeño encuentro con la luz, hoy soñé.
En un suspiro del tiempo abrí los ojos
Y estabas delante de mí, sonriendo
Todo lo imaginado estaba presente
Era tan increíble, que era imposible no aceptar
Que era intemporal e irreal.
Sin embargo no terminaba
Seguías tan inmensamente tú, cercana,
Palpable, acariciable, insustancial y sin embargo
Tan real como mí deseo.
Esta noche soñé…
Esta noche no despertaré.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Confusión


Hace bastante que no escribo.
me cuesta detenerme e inmiscuirme en mi propio ser
sin pensar en caer en una inevitable y profunda oscuridad.

Hace bastante que solo leo.

el mundo trascurre mucho mas lento y es defendible sin
arriesgarse.

Hace bastante tiempo que no vivo.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Otoño



La vida transcurre a la velocidad que cae una hoja de un árbol en Otoño.
Se desprende de la rama de la vida y a la deriva se desplaza en el hilo del viento, que es el tiempo.
Cada vuelta en el aire, es un año en un parpadeo
cada giro o rapaz del aire es un hecho importante
además de fugaz.
Todos sabemos de la inevitable caída, que se retrasa en el sueño.
El golpe certero contra el mundo, es la tranquilidad de la nada, que nos salva de la eternidad.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Grieta


La mayoría de personas que conozco quieren llegar a un lugar inmensamente grande, tanto que no podrán abrazarlo nunca. Se esfuerzan tanto por que los demás vean qué tanto hacen y dicen, que se olvidan de si mismos, del silencio, de la posibilidad que entrega el detenerse, levantar la mirada y encontrarse con un destello del sol, la luna o simplemente cerrar los ojos y respirar profundamente. Yo no aspiro a nada más, que a estar e intentar luchar con el instante para que no atraviese tan dolorosamente la grieta que soy. 

sábado, 24 de junio de 2017





Hace bastante tiempo que no escribía, hace demasiado tiempo que no tenía tiempo, hace mucho que deseaba estar descansando en el papel, hace mucho que olvide, deje de recordar, deje de creer, deje de pensar, deje que mi alma no escribiera por temor a nunca poder salir de acá, de mí mismo, de mi sueño, de mis sombras, de mis desencuentros. Hace mucho tiempo que no escribía, otra vez me he dejado atrapar. 




Es maravilloso como el sonido poco a poco comienza a invadirlo todo con su suavidad y al mismo tiempo la fuerza que es capaz de abarcar todos los sentidos, el frío y el sonido de la trompeta que es como el viento, las cuerdas del contrabajo, la batería y el piano sincronizados en su desorden son estupendos para dejarse abrumar y llevar hacia la nada. Hay algo constante y cortante todo sucede en lapsos de tiempo similares, las notas se deslizan en el cuerpo, la batería improvisa y lo revuelve todo en medio de otra presencia que se mantiene en el aire, lenta, muy lenta comienza abarcarlo todo, se impregna en la memoria y comienza a transportar a recuerdos tristes, no hay otro tipo de recuerdos, ya que la alegría no se guarda, simplemente se vive. El resto lo guardamos y lo liberan algunos aromas o algo de música.  




Sombras




Hoy me senté en el parque solitario en la noche, después de regresar del mundo atiborrado de gente, fue un claro descanso. Después de la calle y el ruido, la casa y el estar solo frente a la sombra; en el medio el parque, el viento, el frío y unos audífonos gigantes para privarme del mundo. Pensé en lo paradójico que puede ser el deseo de huir, al mismo tiempo deseo estar solo, con un libro y algo de música y enseguida pienso que en el frío donde me encuentro, es solo una parada momentánea mientras alguien, o tu o ella me acaricia la espalda y me dice que es hora de entrar y que si había esperado mucho. Solo son sombras que atraviesan mi mente, deseos que no deseo que se cumplan, encuentros que son simples grietas que me separan de mí, del tiempo y de la vida que arrastro. Doy lastima en este punto donde alguien lee y no es capaz de terminar tan cursi pensamiento.

jueves, 22 de junio de 2017

Destellos




Hay momentos de absurda normalidad, en los que no sucede nada fuera de lo ordinario y sin embargo resulta que están llenos de destellos: como el viento mueve suavemente la cortina, como la luz del sol desaparece con tal parsimonia que parece detenerse el tiempo, una risa lejana, un saludo inesperado, un suspiro en el segundo justo, unas gotas de lluvia en la ventana, el silencio que abraza en la soledad y las palabras que brotan... 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Encuentro en tarde de lluvia.


Ella se encuentra sentada, ella es como todas las mujeres, es única. Camina por el pasillo como ella solía hacerlo, no gira, sabe que la observo pero no lo confirma, es un juego, tal vez es seguridad de saberse protegida, adorada, amada...

Ella un día volteará y con la misma seguridad y una lagrima se dará cuenta que ya nadie la observa, entonces se ocultará, temerá la soledad y sin embargo seguirá caminado como solo ella lo sabe hacer, atravesando la luz y la sombra y ocultándose en el tiempo como un juego.

Ella sonríe, cruza la pierna y mira la fotografía, piensa que es un momento demasiado lejano, no recuerda bien el día, tal vez es un sueño y nunca sucedió. Se inclina para ver mejor la imagen, toma las gafas que estaban en la mesa desde su llegada, se acerca a la vieja fotografía y sonríe, si la recuerda, a la que se ve en la imagen una joven sonriente que juega con una sombrilla en una tarde de lluvia, una joven que tampoco mira hacia atrás, ella sabe que él está allí y que la capturará, a ella, al momento, esa tarde, la lluvia, toda una vida en una imagen.

Ella sonríe de nuevo, ya no tiene ganas de correr. Lo mira y sonríe, como es posible que conserve un recuerdo tan inocuo, no entiende como una imagen ha sido su fuerza, su pasión. Él ama un recuerdo. Ella toma un trago del café sin azúcar, vuelve a sonreír y se da cuenta que nunca pudo alejarse como quería siempre intentó estar lejos y en este instante se da cuenta que no lo logró. El viento hace un gesto de lluvia, ella quiere despedirse, él continúa en silencio observando el revoloteo de las hojas que siguen muriendo con el viento. Su recuerdo es más fuerte que la imagen real que ya no reconoce, su sonrisa es hermosa igual que sus ojos, pero no son los mismos, los que amó, están en el pasado, atrapados en fotografías que comienzan a perderse en el polvo y las sombras.

Ella voltea su rostro, una risa de niño llama su atención. Es tan linda, piensa él. Comienza una conversación de viejos amigos, algunos recuerdos, amigos en común, algunos silencios incomodos que pretenden guardar momentos y personas, ella vuelve a sonreír, es tal linda… aunque ya no sea la misma, no por el tiempo, sino por un vacío en sus ojos. Alguien tiene que ver el reloj; ella recuerda, se queda en silencio, le entrega la fotografía y se levanta de la mesa, él también lo hace y le entrega un libro, nada como un libro para comprometer a otra persona.

Fue algo que sucedió en otra vida, un sueño tal vez. Esta vez ella no sonríe, sabe lo que está escrito, su corazón se acelera, voltea su cara, tropieza con la mesa. Ella y él se despiden, los rostros se acercan, el olor trae el pasado una vida en un instante, un beso, ella se aleja.


Él espera, se encuentra clavado en el pavimento no puede dejar de verla, caminar, alejarse, danzar junto con el viento, la lluvia se avecina, gotas gruesas, pesadas como la vida, no deja de verla, ella se confunde entre la gente, en la lejanía. Ella no gira, sabe que la observo…




jueves, 15 de mayo de 2014

A mi abuela Elvia



Precisamente tenías que escoger el mes de las madres para llevártela; Tal vez ese fue tu regalo, el descanso eterno, para una vida de un siglo. Mi abuela vivió un siglo, como los cien años de Úrsula. Desde que tengo memoria visité a mi abuela en el pueblo, en la finca, viajábamos horas en temporada decembrina desde la capital hasta Manizales y desde ahí, tomábamos un jep Willis, que atravesaba cafetales, que ahora ya no están, la carretera siempre en construcción, el derrumbe, algunas casas deterioradas, otras abandonadas y las demás con fantasmas asomados en las barandas de colores. A pesar de las curvas de la carretera que adormilaban en el vaivén del apretado transporte, los sentidos se trasformaban, el canto de los pájaros, los verdes que aparecían incontables, el acento de las personas y el anhelo  de llegar a la casa paterna.

Siempre fue fácil distinguir la llegada, todo el mundo sabe dónde está el morro Franco, la casa en la montaña, el Sagrado corazón de Jesús y la cruz en la parte alta de la cumbre, divisor y protector. Abajo el pueblo inmóvil y las campanas de la iglesia, la comunicación más efectiva en un pueblo paisa.

Hace más de 18 años viví con mi abuela un año, la acompañaba desde la mañana y lo primero que sentía era el olor a chocolate en agua de panela, lo segundo era moler el maíz para hacer arepas, lo tercero era el ordeño y la leche caliente espumosa y en recipiente esmaltado; como todos los viejos en el campo fue una persona fuerte, incansable silenciosa, cuando el silencio conviene y regañaba lo necesario y acariciaba como toda abuela, con esas manos arrugadas y ásperas de cocinera genial de olor a frijoles y sancocho, unas manos gastadas por el tiempo que levantaron una familia y aguantaron el vicio del tiempo, la soledad y el amor de los hijos, levantados a punta de leche caliente y arepa raspada para quitar el negro del carbón.  

Pocas veces vi a mi abuela quieta o cansada, en algunos momentos la vi sentada tomando café, escuchando música, tarareando o cantando música vieja, de despecho o carrilera, que sonaba en una grabadora de voz ronca, ella miraba por las barandas de la casa hacia el pueblo, esos momentos los recuerdo como momentos de la mayor tranquilidad que he sentido, tal vez siendo el secreto de una vida de cien años, la tranquilidad del trabajo fuerte, una conciencia tranquila y el descanso del sueño nocturno.

Hace tres meses volví  al pueblo después de dieciocho años sin haber podido ir. Vinieron a mí los recuerdos, los olores y toda la transformación de los sentidos que involucra el viaje, sumándole el anhelo de tanto tiempo sin ver la casa de los abuelos, el pueblo y gran parte de la familia. La casa seguía intacta en el tiempo, los símbolos en la punta de la montaña “el morro” seguía allí la vista hacia el pueblo, todo parecía congelado, idéntico a como lo recordaba. Después de 18 años nada parecía haber cambiado, por lo menos nada material, pero yo no era el mismo veía todo de una manera distinta en mi interior y mi abuela no era la de mi recuerdo, los años habían hecho lo propio con su cuerpo y su memoria, ahora inmersa en un silencio enfermizo, sin movimiento, nostálgico tal vez. Ella no era la misma, nosotros ya no estábamos para los dos, para charlar, escuchar anécdotas, comer una arepa recién hecha por sus manos, ya no más. Me quede también en silencio para volver a ser cómplices en medio de la nada, apreté su mano y fue suficiente para volver a estar en la tranquilidad de la vida.

Ayer mi abuela paterna se fue. Nos dejó para por fin después de 100 años de estar en el mundo, por fin dedicarse a ella y al descanso que esperaba y se merecía, escucho la música de Daniel Santos, Julio Jaramillo, los Visconti,  Olimpo Cárdenas entre muchos otros y la recuerdo parada en el alero de la puerta de la cocina, con una taza esmaltada tomando agua de panela, viendo concentrada hacia el pasado o hacia el pueblo que viene siendo lo mismo, escuchando la voz ronca de la grabadora y al fondo los pájaros y el día que muere.

Rolando Franco.

martes, 31 de diciembre de 2013

Re-nacer




Es innegable que un año parece poco cuando quedan tan sólo unas horas para que termine. De pronto miramos con nostalgia los momentos de tristeza o dolor con algo de ese desahogo y presión en el pecho, y quedan las fotografías, los recuerdos y los sentimientos. Y también están los momentos y las personas que nos arrancaron una sonrisa y están los instantes, que para mi han sido bastantes, en los que respiro profundamente caminando por un parque bajo la luz del sol o un grupo de nubes oscuras o ese momento con un libro en un café o en el trasporte publico, o cuando camino escuchando música aislado por los audífonos y el mundo parece en sus movimientos distinto, momentos de tanta tranquilidad y al mismo tiempo tan evanescentes  que no podrían ser oscuros o de luz, simplemente son.


Creo que el tiempo y la vida nos brindan lo que merecemos y necesitamos. Después de tanta emoción que no cabe ya en nuestro cuerpo son necesarios momentos en los cuales es necesario liberarse y perder un poco de tiempo con nosotros mismos, llevados por la vida sin más recurso que los ojos cerrados, deseando más de lo que podemos soportar o llevar sobre los hombros y arriesgándose a vivir y a morir por ello. El tiempo no es predecible y la vida no es una línea recta hacia una meta. Las personas no son accidentes y los objetos no son lo más importante, las fotografías son fragmentos del tiempo, el viento es purificador, el alma no se gana se construye con cada paso, las lagrimas son buenas en la limpieza y la risa de los que amamos y nos aman son el mejor combustible para el presente, el adiós es necesario para un rencuentro, el amor depende enteramente de la casualidad y la palabra y que de esta misma materia se alimenta la muerte y el sueño. Un año, tal vez una vida o muchas. Lo importante es ser capaces de cerrar los ojos, de respirar sin esfuerzos o afán y dejarse llevar, otro será el momento de descansar.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Vidas soñadas


(Esperando)


Esta vida de algún modo es un consuelo, todos nos encontramos esperando algo. Esperamos el premio mayor, encontrar la felicidad en un objeto en una persona, estamos esperando que todo se acomode a nuestro alrededor y poder salir sin temores, estamos esperando una carta o una llamada. Esperamos, invertimos y malgastamos tiempo en la espera, nos sentamos de costado, al ya saber que será larga la espera, acomodamos el libro, el café y los ojos para la espera porque la mirada siempre debe estar en el pasado en la espera y de pronto estamos en esa rutina constante esperamos algo o a alguien.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

...


Llegar a un punto donde parece que el camino se termina y que no hay retorno, es darse cuenta que en definitiva algo muy importante terminó. Pero que en ningún momento llegamos al fin, es un nuevo comienzo, un nuevo camino. Es el tiempo que comienza de nuevo, es una nueva oportunidad.

sábado, 14 de diciembre de 2013

...


En fechas como estas, es innegable pensar en que las emociones y los recuerdos son una madeja compleja y definitivamente muy enredada. En algún lugar leí que los recuerdos no son acumulables, sino que nuestra memoria es un inmenso cuarto de estantes que guarda fragmentos de muchas cosas, un color de ojos en especifico, un árbol con ciertas características, una nube con cierta forma; de ese modo cuando una persona, una situación o un olor, ya que es el sentido más cercano a la memoria, nos rememora algo, la memoria toma cosas de cada estante y como el más grande y eficaz juego de piezas de armar construye un recuerdo. En instantes aparece la imagen y con ella, las sensaciones, los colores, los sabores e incluso los sentimientos, lo que antes creíamos perdido vuelve a nacer, de ese modo un recuerdo no es una cosa empolvada y vieja que se encuentra escondida o perdida, cada vez que traemos a la memoria un estado, cosa o momento es algo que acaba de crecer dentro de nosotros algo que vive de nuevo.


lunes, 11 de noviembre de 2013

...

En algunas ocasiones la memoria juega con nosotros. Recordamos cosas que no existieron y tenemos como base de nuestra vida momentos creados por la imaginación. Todo esto sucede porque estamos siempre detrás de una vida que queremos, no la que caminamos a diario. Aunque también, en algunas ocasiones una canción, un olor o una lectura, rescata esos recuerdos cautivos, arrugados, compuestos por recortes e imágenes no presentes.

En estos días recordé a Luis. Después de tanto tiempo no podría garantizar la veracidad de este recuerdo, Luis era un niño más pequeño que yo, por lo menos en ese momento, caminaba lento y jugábamos con pequeñas pelotas que rebotaban enloquecidas. Luis era mi amigo,  por lo menos en eso momento. Recuerdo a Luis por lo semejantes que éramos, cada cierto tiempo nos encontrábamos en el único lugar donde tenía amigos, un hospital, parecía un ritual extraño, que sobrepasaba la coincidencia; dos niños que no se comunicaban y que vivían en extremos remotos de una ciudad caótica, se encontraban con un dispar de horas en el lugar más extraño del mundo para un encuentro.

Se saludaban de la misma forma, despedían a sus familias desde la misma ventana, tomaban los medicamentos de la misma jarra de agua, salían a caminar por los pasillos de luces bajas, escuchando el mismo silencio o  los lamentos sin fuerza que salían de los cuartos de alarmas constantes. Gracias a él no sentí miedo. Podía soñar en la noche, ver televisión y soportar la frialdad y soledad interior que se presenta en una habitación de hospital.

En estos días recordé a Luis, un niño tan similar a mi en nuestra forma de sentir, que casi poseía las mismas cicatrices y podíamos hablar de haber sentido los mismos dolores, un alma que gritó cuando yo grite y los dos hicimos el mismo silencio cuando el dolor era absurdo, porque no llorábamos, nunca lloramos. Ni siquiera cuando supe, mucho tiempo después que Luis dejó de ser parecido a mí en el momento en que falleció.


En estos extraños momentos, no soy capaz de recordar el rostro de Luis. En realidad no se si verdaderamente existió, solo sé que  por alguna razón él ya no está y yo por alguna motivo sigo acá sin él, necesitando esa sombra callada que era, la compañía, la fuerza para soportar una vida que no escogimos ninguno de los dos escapando, dudando de mis propios recuerdos de mi propia vida.

...


Recuerdo la imagen, se encuentra borrosa como todo lo que recuerdo. Estoy en una cama de hospital, tengo 17 años y sólo sueño con vidas que no puedo tener; de pronto estoy llorando y comienza una vida que arrastro hasta este momento.

lunes, 30 de septiembre de 2013

...




Esperamos tanto del mundo, esperamos respuestas que no llegan. Cansados estamos esperando... ¿Por qué continua acá este cuerpo destrozado? ¿Qué tanto necesita avanzar estas piernas rotas? ¿Qué es la realidad y que es el sueño? ¿De dónde sale tanta soledad? y las respuestas siguen esquivas, nos rodean pero no atracan en nuestra razón. La felicidad como el amor son instantes desbordados y apasionados, son pura energía que ahuyenta el dolor. Camino desprevenido por la vida, no tengo la menor idea de a donde me dirijo, las preguntas se siguen acumulando, ¿qué me trajo hasta este punto? el amor, los amigos, la música, mi familia, los libros y el viento. Con el único objetivo de seguirme preguntando... Gracias a la confabulación de la vida por jugar con mi destino y haberme presentado la vida como la conozco, con todo lo que eso involucra, mi vida no se la deseo a nadie y tampoco la cambio por nada. [Continuara...]

lunes, 10 de junio de 2013

Quisiera


Quisiera demoler ese
Muro de compleja
Oscuridad que me aprisiona.

Encontrar esa fuerza
Que me sostiene
Que sé que existe
Porque continúo de pie.

El suelo me espera,
El viento me retiene.
Camino cerca al
Oído de la muerte,
Sospechando que me odia.

Cada paso es un
Deambular de la vida
Ese inútil sueño

Que llamamos soledad.

miércoles, 29 de mayo de 2013

...

De como el alma se despide
de la insignificancia de mi vida
de esa grieta que me compone
de ese dolor que se extiende lentamente
del amigo en el que creo y se marcha
del amor que me abandona
a todos y al absurdo mundo
les digo adiós.

viernes, 24 de mayo de 2013

Imaginación



Para qué crear mundos
En los cuales
Sentirse a gusto,
Si son hologramas
Aún no inventados.

Pensamiento da a imagen
Abstracción y luego sonrisa
Crees ser feliz.

Despiertas

Todo pasado de sombras
Ahogado en silencio
El espejo que revela
Lo fugaz del tiempo.

Afuera

Todo parece igual
La misma ciudad
Que dormita en lo real
De gentes sin rostro.

Vuelves

Se cierra la puerta
Se cierran los ojos
Y en los labios
Una sonrisa.